Un directivo híbrido es aquel que está en posesión de facultades directivas y también en posesión de conocimientos avanzados de nuevas tecnologías. En ocasiones, se afirma categóricamente, que la figura del director general, cada vez más debe tener esta condición.
Un directivo híbrido debe saber compaginar la organización interior de la empresa a nivel estructural y organizativo con la capacidad de saber ver conveniencias o inconveniencias de determinadas políticas tecnológicas que puedan mejorar o entorpecer aspectos cruciales de la empresa dinámica de hoy en día. Más adelante veremos alguna concreción al respecto.
La formación que tendrá un directivo híbrido será necesariamente un compuesto de formación empresarial y formación tecnológica siempre en dualidad. Por ejemplo, un licenciado en Derecho o MBA y experto en nuevas tecnologías por sí mismo o con titulaciones menores (diplomas, certificados…).
¿Qué ventajas puede aportar a una empresa la figura del directivo híbrido? En primer lugar si hablamos de un MBA tendremos que está en posesión de unos conocimientos básicos y suficientes para poder dirigir una empresa en términos tradicionales, dirección de personas, gestión de recursos, presupuestos, etc. Y si está en posesión además de conocimientos avanzados de tecnología podrá modernizar la empresa, sabiendo exactamente qué hay que hacer para estar en Internet, contratar presupuestos de tecnología adaptados, estudiar el software adecuado de gestión, proveer los medios tecnológicos necesarios, y muy importante, gestionar electrónicamente el conocimiento de la organización.
Un director general de hoy en día tiene que saber por ejemplo, qué es exactamente el “datawarehouse”, la minería de datos, una topología de red, etc. Hoy en día no puede haber un director general que no sepa cómo está organizado el sistema informático de su compañía, ni puede pretender dejar en manos del director de IT “todo lo tecnológico” sin supervisión, aunque sea superficial.
En la actualidad la tecnología no es poner ordenadores en las mesas. Es integrar la vida empresarial en un nuevo marco de gestión y optimización orientado a fines. ¿Verdad que al director general no se le va a ocurrir poner en manos de su secretaria las decisiones estratégicas? Pues tampoco la tecnología debe entregarse felizmente al “entendido” de la empresa. Finalidad y medios van hoy más que nunca unidos.
Internet mismo, supone ya en muchos casos para empresas recién entradas, un 30%-40% del volumen de ventas y creciendo…
Muchos directores generales, descargan esta falta de conocimientos en terceros de confianza de la propia organización, pero no deben olvidar que lo correcto será adquirir formación para equilibrar esta laguna de conocimiento. No podemos pensar en un director general que no sepa -”qué esto de Internet” Y todo tiene solución aunque hay que acertar. Que nadie piense que se encuentra en una situación insalvable; he visto directivos de 55 años ponerse un PC en la mesa y literalmente “empezar”.
Hace años, las empresas gigantescas, podían funcionar perfectamente con equipos directivos sencillos y burocráticos y avanzaban a pesar de ellas mismas. No atendían prácticamente a razones de calidad, clientes, tendencias, etc. al nivel que lo hacemos actualmente. Los planes estratégicos eran a 10, 15 y hasta incluso 20 años vista. Un lujo impensable para nuestros días, en los que empresas pueden fracasar en cuestión de minutos. Los productos evolucionan y cambian a una velocidad de vértigo y los servicios que los acompañan viven crecen, cambian, metamorfosean e incluso mueren con ellos.
Nuestra era empresarial es un flujo dinámico y cambiante que en sí mismo configura su propio futuro y pervive o perece en función de sus equívocos o aciertos, de ahí que sus directivos deban saber exactamente lo que quieren, lo que necesitan y lo que pueden proveerse, en la estrategia y en la tecnología. Finalidad y medios.