Curiosamente quienes más desprecian el futuro por atender el presente, son quienes más adolecen de éste… (Anibal Basurto Amparano Director del Centro de Desarrollo empresarial del Tec de Monterrey, Campus Sonora Norte, y fundador y líder del Movimiento Empresa Inteligente. )
Tropecé con esta frase una tarde, investigando en Internet una temática que me pareció interesante. Era una teoría acerca de la evolución en el tiempo del papel que ejerce el futuro en nuestro presente.
El artículo relataba la manera en la que nuestras empresas se han enfrentado durante décadas al futuro como un mero devenir secuencial y lineal con respecto al presente, es decir actuando en el ahora y esperando desde el ahora al mañana, pensando actuar sobre él cuando llegue a ser ahora. Curiosamente esta manera de ver el futuro y la prácticamente nula predisposición a él, ha ido menguando a lo largo de estos últimos años, a favor de un estudio cada vez más inmediato del futuro generando medidas de choque o cambio en el presente, para prevenirlo.
Este inicio de convivencia de presente y análisis de futuro ha ido estrechando los lazos hasta llegar a analizarse el presente desde las predicciones de futuro, e incluso ha tomado mayor importancia el futuro que el presente en nuestros análisis sectoriales o empresariales.
Si quisiéramos verlo de un modo más gráfico podemos hacer la siguiente representación esquemática:
Durante décadas
PRESENTE >>>>>>>>>>>>>FUTURO
Hace pocos años
PRESENTE
>>>>>FUTURO
En la actualidad
FUTURO
>>>>>>>>PRESENTE
Hace años, nuestras decisiones empresariales estaban en función únicamente del presente. La lógica aconsejaba que no puede haber un futuro sin haber pasado antes por el presente, y dadas las circunstancias del momento y la actividad empresarial, la teoría era la de avanzar paso a paso en función de lo que nos vaya deparando el futuro. Ciertamente es una manera muy lógica y prudente, por ejemplo en la toma de decisiones, pero mortal de necesidad en nuestro marco actual de funcionamiento.
Hace años, las empresas gigantescas, podían funcionar perfectamente con equipos directivos sencillos y burocráticos y avanzaban a pesar de ellas mismas. No atendían prácticamente a razones de calidad, clientes, tendencias, etc. al nivel que lo hacemos actualmente. Los planes estratégicos eran a 10, 15 y hasta incluso 20 años vista. Un lujo impensable para nuestros días, en los que empresas pueden fracasar en cuestión de minutos. Los productos evolucionan y cambian a una velocidad de vértigo y los servicios que los acompañan viven crecen, cambian, metamorfosean e incluso mueren con ellos.
Nuestra era empresarial es un flujo dinámico y cambiante que en sí mismo configura su propio futuro y pervive o perece en función de sus equívocos o aciertos.
Ya he visto en muchos casos, durante la elaboración de business plans, cómo el emprendedor contempla posibles vías de salida o reconducción del negocio en caso de fracaso o indicadores de alerta en los resultados, para poder evitar de este modo la total pérdida de la inversión de capital realizado. Alguien puede pensar que hacer esto es pensar ya en el propio fracaso, pero yo me atrevo a afirmar que hacer esto es tener una mentalidad abierta, acorde al momento en que vivimos.
¿Y cómo será el futuro? Ni yo ni nadie tiene una bola de cristal para saberlo pero sí que hemos de tener muy claro que cuanto más pensemos en el futuro, mejor lo recibiremos desde nuestro ahora.